Así es como las empresas se protegen de ‘inversionistas activistas’ como Elon Musk en Twitter —usan ‘píldoras venenosas’ para lograrlo

La llegada de Elon Musk a Twitter como accionista mayoritario vuelve a poner de relevancia la figura de los inversionistas activistas. Generalmente, cuando un inversionista o un fondo tradicional entra o aumenta su participación en una compañía, suele delegar las decisiones ejecutivas en un presidente o director general.



Esto hacen los inversionistas activistas y las empresas no los prefieren.


© Reuters.
Esto hacen los inversionistas activistas y las empresas no los prefieren.

Pero en el caso de un inversionista activista, como su propio nombre indica, hay una mayor actividad e implicación en las decisiones que va tomando la empresa.

De hecho, estos inversionistas aspiran a tener voz y voto para condicionar la labor de los gestores (en Estados Unidos se considera una participación considerable por encima del 5%). Sus objetivos dependen de cada empresa y de cada individuo; pero principalmente buscan:

También persiguen un uso eficiente y productivo del capital, incentivos de gestión adecuados y un fuerte enfoque en el negocio. Además, medidas como el rendimiento del capital invertido y el uso del capital para prácticas favorables a los accionistas; por ejemplo, recompras, para determinar dónde hay margen de mejora.

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Fondos de inversión y multimillonarios con experiencia son los principales inversionistas activistas

Los inversionistas activistas suelen ser fondos de inversión (Elliott Management, Starboard Value, Oasis Management, etcétera) o individuos particularmente ricos con experiencia empresarial. Este es el caso de Musk (que ya posee 9.2% de Twitter); aunque la junta de Twitter ha limitado su propiedad al 14,9% durante su tiempo en la red social.

Y para muestra un botón. Ya el lunes por la noche, Musk preguntó a los usuarios de Twitter en una encuesta si querían tener un botón de edición; un movimiento que no es nuevo, ya que antes de comprar parte de la compañía ya era un usuario muy activo en esta red social.

Más allá de Musk, algunos de los nombres más representativos de inversores activistas son los de Carl Icahn (Icahn Enterprises), Bill Ackman (Pershing Capital) o Daniel Loeb (Third Point Partners).

Icahn tiene más de 40 años de experiencia y gestiona más de 30,000 millones de dólares (mdd). Algunas de sus operaciones más renombradas fueron con empresas como Yahoo, Netflix o Clorox; y en los últimos tiempos tomó una posición importante en Apple y presiona a Tim Cook para que intensifique su programa de recompra de sus acciones.

Por su parte, Ackman es conocido por haber atacado algunas empresas públicamente de las que no tenía buena opinión; sus campañas más polémicas han tenido como protagonistas a Herbalife y Valeant. Actualmente gestiona a través de sus fondos más de 14,000 mdd.

En el caso de Daniel Loeb, que gestiona más de 20,000 mdd, destaca su implicación en Yahoo y la empresa de subastas Sotheby’s.

Pero, ¿por qué comienzan los inversionistas este tipo de apuestas? Los activistas suelen acumular participaciones en empresas que creen que están infravaloradas y luego exigen cambios que creen que funcionarán a su favor.

Además, suele ser una figura pública con una cobertura habitual en los medios de comunicación. Si va a presionar a una junta directiva para que haga grandes cambios, debe poder llamar su atención. 

Sin embargo, sus movimientos de compra de acciones deben ser sigilosos. Si la noticia se filtra demasiado pronto, las empresas pueden comenzar a construir sus defensas; otros inversionistas pueden ir tras la misma operación, diluyendo la ventaja.

En cualquier caso, estos movimientos se acaban conociendo. En Estados Unidos, por ejemplo, cuando uno de ellos consigue más de 5% de la participación en una compañía, debe informar a la SEC (Comisión de Bolsa y Valores).

De hecho, muchas compañías temen la entrada de este tipo de inversores en sus lugares de trabajo.

Según contó a Cinco Días el director académico del programa ejecutivo de dirección financiera de la Deusto Business School, Carlos Halpern, muchos directivos creen que los inversionistas activistas no son más que otro tipo de acumulador de fortuna; son tan comunes en las finanzas corporativas —con el foco puesto en hacer grandes riquezas en el corto plazo—; sin tener en cuenta los daños que causan a largo. 

Si una compañía no quiere inversionistas activistas en su junta, ¿qué puede hacer?

Un movimiento defensivo que puede hacer una empresa es emitir montones de nuevas acciones; esto diluye la participación del activista hasta el punto de que ya no sea sustancial. A esta acción se conoce como una píldora venenosa; una táctica que ya utilizó Netflix cuando el mencionado Icahn anunció que tenía una participación en la compañía en 2012.

Esta acción «busca proteger a Netflix y sus accionistas de los esfuerzos por obtener el control de la empresa que el directorio determine que no son la mejor opción para Netflix y sus titulares de acciones», dijo la empresa en su momento.

En la mayoría de los casos, las empresas se resisten a las demandas de los activistas. Cuando esto sucede, los inversionistas pueden adoptar medidas adicionales para conseguir que el consejo de administración dé su brazo a torcer; esto puede dar lugar a una lucha por el control de la compañía.

Sin embargo, hay una parte del sector empresarial que considera que la presencia de este tipo de inversionistas defiende al ahorrador minorista frente a la dirección de las grandes empresas.

Según el Financial Times, desde la post-crisis de 2008 —cuando las acciones de estos inversionistas se volvieron más agresivas—, viraron hacia un comportamiento más moderado; su objetivo es llegar e influir en las compañías, pero sin generar rechazo.

Aun así, esta es una práctica más habitual en el mundo anglosajón, específicamente en Estados Unidos. De hecho, la firma global de servicios profesionales Álvarez & Marsal (A&M) ha realizado un análisis sobre la inversión activista en Europa, y prevén un descenso en el interés de los activistas en España debido a la mejora de las expectativas alcanzada por las empresas españolas durante 2020 en términos de margen bruto, ebitda, rendimientos del capital y generación de efectivo.

“A pesar de que las campañas activistas se han visto reducidas durante la crisis del Covid-19, la alteración del tejido empresarial europeo revela que muchas empresas se convertirán en objetivo de activistas debido a la caída de su actividad”, señala el informe.

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