‘La quinta estación’, de N.K. Jemisin, es un magnífico arranque de una trilogía que promete

El verano, que por lo general suele ser maléfico para todo intento de llevar una rutina lectora, me ha permitido leer una de las novelas a las que más ganas tenía de echarle el ojo, aunque solo sea por ser ganadora en 2016 del Premio Hugo a mejor novela y porque su continuación, ‘La puerta del obelisco’, obtuvo el galardón correspondiente a este año. Estoy hablando de ‘La quinta estación’, novela fantástica de N.K. Jemisin que edita en España NOVA/Ediciones B con traducción de David Tejera Expósito.

La quinta estación’ es la primera parte de la Trilogía de la Tierra fragmentada, saga ambientada en una Tierra conformada por un supercontinente, la Quietud, que está atravesado por diferentes líneas sísmicas, lo que lo convierte en un continente muy inestable con continuos terremotos, erupciones volcánicas y otras catástrofes derivadas. Para controlar estos movimientos, los humanos se guían por el litoacervo (una suerte de “libro sagrado de la supervivencia sísmica”) y usan orogenes, humanos con una mutación capaz de “sesapinar” y mitigar los seísmos.

Las páginas de ‘La quinta estación’ las protagonizan tres mujeres orogratas (término despectivo con el que se habla a estos seres). En primer lugar conoceremos a Essun que, conmocionada por el asesinato de su hijo a manos de su marido y tras ser expulsada de la comu en la que vivía, emprenderá un viaje buscando a este y a su hija, a la que creía muerta. Damaya, por otro lado, es una joven recién reclutada por el Fulcro, la organización que instruye y dirige a los orogenes. Finalmente veremos a Sienita, orogén tetranillada (una suerte de rango en función del dominio de sus poderes) a la que le asignan un compañero con el que engendrar y hacer las misiones que se les encomienden.

N.K. Jemisin escribe la historia con una prosa un tanto fragmentada, como queriendo reflejar la inestabilidad de la civilización descrita, la tensión del peligro constante y el temor ante la llegada de una “Estación” (un cataclismo que deriva en una crisis climática). Este aspecto, por cierto, ha sido una de las críticas más comunes del estilo de la escritora. Por un lado es cierto que, en este sentido, se atraganta un poco sobre todo en las primeras páginas. Pero uno acaba acostumbrándose, sobre todo el lector que esté ya curtido en diferentes estilos narrativos.

Esta novela inaugural de la trilogía despierta un gran interés. Esto siempre es bueno cuando de una saga se trata. Por otro lado, entre las tramas de Damaya/Sienita/Essun, hay un pequeño desequilibrio en cuanto en tanto su desarrollo y profundidad en los temas del libro: racismo, diversidad, estratos sociales, miseria humana… navegan de manera intermitente en las páginas.

Creo que en ‘La quinta estación’ N.K. Jemisin, hace un fantástico trabajo. Es una buena novela cuyo peor defecto es que te deja con la miel en los labios por culpa de esa tendencia, cada vez más extendida, de que los inicios de trilogías no se metan tanto en harina y dejar la cocción de la masa para el siguiente libro.

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‘La quinta estación’, de N.K. Jemisin, es un magnífico arranque de una trilogía que promete

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