Omar Sy, el rey del buen rollo y de la taquilla

A Omar Sy, con su estatura de cerca de dos metros y su amplia sonrisa, como le es imposible pasar inadvertido, ni lo pretende. Escucharle reír es un sonoro placer, pero cuando se pone batallador también se hace notar. Y tiene unos cuantos temas en la cabeza que no le dan descanso. Nacido en Francia, hace 43 años, de padres emigrantes africanos “que, como todos los que abandonan su tierra, vinieron a mi país a sacrificarse para encontrar una vida mejor para sus hijos”, el ganador del César al mejor actor por su papel de cuidador lleno de encanto en la película-fenómeno Intocable, se introduce ahora en la piel de todo un icono literario francés: Arsène Lupin, el rey del disfraz.

En la serie sobre el personaje que acaba de estrenar, interpreta al trasunto actual de éste: un ladrón de guante blanco, proveniente de barriada de aluvión, pero capaz de desenvolverse con soltura en cualquier ambiente, y con claridad de compromiso: roba a los ricos para dárselo a los pobres. Esta holgada producción de Netflix subraya, además, ese “buen rollo” que el actor ha convertido en marca de la casa. Sy, el actor más taquillero del país vecino, ha demostrado su valía comercial en títulos tan amables como Mañana empieza todo, Samba o El doctor de la felicidad, pero también se ha hecho hueco en Hollywood participando en las sagas de X-Men, Parque Jurásico y la iniciada por El código Da Vinci. Le va de cine.

El actor, con sudadera y abrigo Lacoste Axial. A Sy le ha encantado interpretar a Lupin, porque le permite vestir con un toque dandi

Marcel Hartman/ Netflix

Siempre el actor al que le corresponde interpretar a una leyenda literaria confiesa que era fan del personaje desde pequeñito…

Pues yo, de chaval, me leí solo una de sus aventuras y eso fue todo. (Risas) Pero Lupin está muy en la cultura francesa e incluso europea. Tenemos la referencia de las viejas series de televisión y un buen puñado de películas sobre él, aparte de las novelas. Aunque no lo hayas leído, sabes quién es y de lo que es capaz. Y claro, cuando empezamos a hablar de que podría interpretarlo, me leí casi todos sus libros con gran interés y lo disfruté porque es muy entretenido. Es un tipo genial y un personaje de calidad. He encontrado cosas ahora que de pequeño me habían pasado inadvertidas. Y sí, ahora soy su mayor fan.

Un maestro del disfraz ¿Hay algo más atractivo para un actor?

Es lo más. Ser actor tiene mucho que ver con ser el otro, estar en los zapatos de otro. Como “maestro del disfraz” hice esto literalmente; caracterizarme, variar la ropa, cambiar la voz. Es el juguete perfecto para un actor porque permite disfrutar de la parte más genial de mi trabajo. Y además, como puede ser cualquiera, he podido explorar sin límite sus posibilidades y darle algo de drama, al tiempo que tiene mucho humor, mucha acción y suspense. Es estupendo para trabajar y crear y muy entretenido de ver. Y es la primera vez en que participo en una serie así con tantos recursos. Interpretar a un personaje que aparece prácticamente en todos los planos es agotador pero maravilloso: no paras de encontrarle cosas.

Digamos que, como Lupin ayuda al necesitado, el público lo ve más cercano al héroe que al delincuente. Menos los espectadores millonarios, claro

¿Por qué cree que algunos delincuentes, en general los “ladrones de guante blanco” por ejemplo, resultan tan atractivos para el público?

Es interesante. Creo que porque, en realidad, no son criminales. Yo, a Lupin, no le veo como tal. Tiene normas de conducta específicas y que respeta a rajatabla porque para él son muy importantes. Nunca mata y, como Robin Hood, solo estafa a gente rica mientras al mismo tiempo puede ser muy generoso con otra gente. Digamos que, como ayuda al necesitado, el público lo ve más cercano al héroe que al delincuente. Menos los espectadores millonarios, claro. Si lees las viejas novelas de Maurice Leblanc, también puedes observar que es un gran patriota, orgulloso de su país. Es un tío especial y como personaje no es en absoluto esquemático. Es mucho más profundo y complejo de lo que parece.

Habla, a menudo, de “entretenimiento” ¿Es un elemento clave para que decida participar en un proyecto?

Es algo que tengo en cuenta, sí. Y en estos días aún más porque necesitamos que algo nos ayude a escapar de las dificultades. En estos momentos, series, películas y novelas están resultando utilísimas para evadirnos en estos momentos difíciles. Pero siempre ha sido así. Excitan la imaginación, se convierten en otra forma de viajar. Cuando lees una historia, cuando ves una película, estás trasladándote a otros tiempos y a otros lugares, y eso es oro en estos momentos en los que no puedes coger un avión y marcharte a descubrir la otra punta del mundo. Los que vivimos pegados a una maleta, como los actores, notamos que nos falta algo. Y, si no hubiera ocurrido la pandemia no nos habríamos dado cuenta de cuanto echamos de menos viajar.

El actor está muy orgulloso de lo bien que se ha recibido que él encarne a Arsène Lupin. Le añade un matiz social, “porque vengo de donde vengo”. En la foto, una escena del primer capítulo

El actor está muy orgulloso de lo bien que se ha recibido que él encarne a Arsène Lupin. Le añade un matiz social, “porque vengo de donde vengo”. En la foto, una escena del primer capítulo

Emmanuel Guimier

¿Cómo está capeando la crisis sanitaria y los daños que acarrea en otros ámbitos?

Como la mayoría de las personas. Tenemos que seguir adelante, continuar siendo nosotros mismos. Encontrar de nuevo la manera de ser felices sin bajar la guardia. Pero la vida tiene que continuar.

Comenzó su carrera escribiendo e interpretando monólogos cómicos. ¿Le disgusta que para diversos colectivos haya temas sobre los que no se puede bromear?

El hecho de que me tenga que preguntar eso hoy, es, de algún modo, una respuesta. Cuando empecé hace veinte años, esa cuestión nunca se habría planteado. En este mundo de hoy hay mucha tensión. Parece que sobre cualquier asunto, por nimio que sea, hay gente que encuentra muchas razones para pelear, para acusar, para reaccionar con ira. Todo eso puede ser considerado un ataque a la libertad de expresión. En cualquier caso, va demasiado lejos, en mi opinión. Creo que nos hemos empezado a convertir en aquello contra lo que queríamos luchar.

Cualquier asunto, por nimio que sea, hay gente que encuentra razones para pelear o para acusar; todo puede ser considerado un ataque a la libertad de expresión

¿Ser gracioso tiene peligro, entonces?

Eso forma parte de mí. Jamás lo esperé, como ni se me pasó nunca por la cabeza, cuando vivía en el suburbio, que alguna vez hablaría inglés o me pararían por la calle para hacerse fotos. Para mí, eres gracioso hasta que dejas de serlo. Y si eso te ocurre encima de un escenario, lo notas enseguida. Cuando un chiste no cuaja, no gusta o es malinterpretado, el público te lo hace saber con una oleada de disgusto que percibes claramente. Y entonces, a otra cosa. Cambio de tema. Ese es el límite. Esa era mi regla como cómico. Por lo demás, cada uno tiene su respuesta. Pienso mucho sobre ello, para estar seguro de lo que siento al respecto, pero me molesta que haya tanta gente esperando que le des un argumento para ir contra ti sobre todo en las redes sociales. Hay que tener mucho cuidado. Desgraciadamente, hay cosas que podías decir hace años y que, hoy día, serían impensables por problemáticas. Claramente, en ese aspecto, se ha retrocedido.

¿Cómo recuerda a aquel Omar Sy que iba de bar en bar con sus chistes?

No sé si me recuerdo a mí mismo muy bien. Bastante feliz. Escribía chistes lo mejor que sabía y ya me iba bien. Acababa de descubrir que esa “otra Francia” que sabía que existía pero que, encerrado en el barrio no había visto, era real y estimulante. Creo que era un chaval muy curioso; me gustaba saberlo todo, saber cómo eran las personas, vivir situaciones muy diferentes. Supongo que por eso quise ser actor, porque es una forma maravillosa de explorar universos diferentes y de aprender sobre la vida y sobre el ser humano.

Omar Sy descansa durante el rodaje del primer capítulo de la serie, en los alrededores del museo del Louvre, donde se perpetra un robo imposible

Omar Sy descansa durante el rodaje del primer capítulo de la serie, en los alrededores del museo del Louvre, donde se perpetra un robo imposible

Emmanuel Guimier / Netflix

¿Y al Omar Sy que se levantó una mañana siendo uno de los hombres más populares del cine gracias al éxito de Intocable?

Ese Omar Sy fue una persona muy sorprendida por la vida. No podíamos ni imaginarlo; fue grande, muy grande. Cuando haces una película, tus expectativas se centran en que la vea la mayor gente posible, pero en este caso fue mucho más allá de lo que cabía esperar. Esas reacciones, todo lo que se articuló en torno al fenómeno Intocable. Todo lo que me ha pasado desde ese momento, tienen que ver con ello. Las películas que he protagonizado, el haber tenido oportunidades en Hollywood, el hecho de que me hayan ofrecido interpretar a Lupin, que me esté usted entrevistando en este momento… Todo viene de ahí. Me hizo feliz en su momento y aún hoy me alegra recordar cuánto tiene que ver con ella. Le estoy muy agradecido. Y el rodaje fue como ese campamento de verano al que nunca fui de niño. Y eso que me tuvieron que convencer para hacerla porque no me veía a mi mismo todavía “muy actor” por entonces. Pero los directores me dijeron que aprenderíamos juntos.

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Muchos tipos majos, con buen rollo y corazón noble han venido después. A menudo rodeados de un cierto compromiso. ¿Le interesa que el cine sea útil además de entretenido?

Sí, claro que sí, porque me gusta contar historias de buena gente. Porque tengo fe en el ser humano. Me gusta pensar que, en esencia, hay algo bueno en él. Interpretar esos personajes es contárselo al mundo. Especialmente, hoy en día tenemos muchas razones para perder la fe en la humanidad, en la relación entre nosotros, en la democracia. Hay mucha gente promoviendo el caos y cuestionando todo con ira. Ponerle corazón a algo puede y debe ayudar. Eso no quiere decir que, por ejemplo, contra el racismo, tenga tolerancia cero y seguiré luchando contra eso como hasta ahora. Mire, antes hablábamos de Intocable y de las alegrías que me trajo. Entre ellas un César. Y muchos medios; la mayoría, no tardaron en destacar que yo era el primer actor negro en conseguir el galardón. Cuando eso no sea motivo de comentario, habremos dado un gran paso de verdad. Sí. Mi Lupin es, como no podía ser de otro modo, negro. Gustará o no, pero así es. Esta vez toca imaginárselo así.

El Lupin del siglo XXI, negro, en su cuartel de operaciones, un santuario donde planifica sus robos y preparar sus caracterizaciones

El Lupin del siglo XXI, negro, en su cuartel de operaciones, un santuario donde planifica sus robos y preparar sus caracterizaciones

Conocemos historias de agresiones racistas cada día. ¿Cree que este es uno de esos temas contra los que nunca se acaba de luchar?

Espero que no sea así, pero, como a todos, a menudo me entran dudas. Paso horas pensando qué debemos hacer para poder coexistir en paz. La historia no nos ayuda, la verdad.

En la serie han alternado esas altas esferas por las que se movía como un pez el personaje clásico, con el día a día en los barrios pobres…

Que Lupin, que aquí en Francia es algo tan grande, nos ayude a luchar contra la xenofobia y la desigualdad en nuestros días, es una muy buena razón para traer de vuelta al personaje. Y conmigo interpretándolo esa parte social de Francia no se podría obviar porque vengo de donde vengo. Estoy especialmente orgulloso de ello y de lo bien que ha sido recibido.

Gracias por pensar que caigo bien. No sé lo que la gente ve en mí, ni quiero saberlo. Quizás a un buen tipo con quien te tomarías un vino

¿Se pregunta por qué le cae tan bien a todo el mundo?

Lo primero, gracias por pensarlo. No lo sé y no quiero saberlo. Este tipo de cosas son muy difíciles de explicar. No puedes explicar por qué amas. Cuando amas, amas, y la razón no es fácil de adivinar. Y si la sabes… No se qué ven en mí. Espero que a un buen tipo. Coherente. Con quien te tomarías un vino. O tal vez es que notan que es una carretera de doble dirección. Es querer y ser querido. ¿La razón? Está entre lo mágico y lo bello.

Y ¿se ve sex symbol, como lo consideran a menudo?

¿Símbolo de qué? (Risas) Ni me lo planteo. Lo más guapo que he estado ha sido en esta serie porque el personaje tiene un toque dandi para poder desenvolverse bien en la alta sociedad y me han vestido de domingo, a veces, porque aparentar es una parte importante de sus trucos. Y a mí, como a todo el mundo, me gusta la ropa buena y lo he disfrutado una barbaridad.

Empezamos año. ¿Qué espera de 2021?

Para el mundo, que la pandemia, que es lo más urgente, acabe pronto y podamos volver a lo que conocemos y a divertirnos como hicimos en el pasado. Y para mí, que se me permita continuar con mi viaje, mantener la vida que estoy viviendo ahora mismo, rodeado de mi familia; de mis cuatro hijos.

O sea, como decimos en España, “Virgencita, que me quede como estoy”.

Es todo lo que pido, nada más. (Risas)

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Omar Sy, el rey del buen rollo y de la taquilla

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