Santa Dolly Parton

De quién se habla cuando se habla de Dolly Parton. ¿De la mujer que está en el olimpo de la música o de la buena samaritana, de Santa Dolly?

Aunque una cosa está vinculada a la otra, lo segundo sería imposible sin la fortuna amasada con lo primero, esta vez toca irse con el estribillo a otra parte y centrarse en la mujer filántropa de las causas cotidianas.

La deuda estudiantil por ir a la universidad, que asciende a 1,75 billones, es una de las lacras de EE.UU.

Nacida en una familia numerosa de Tennessee hace 76 años, cuarta en una familia en la que hubo doce alumbramientos, su padre era un aparcero y su madre disfrutaba cantando. Esa extremada pobreza no impidió que Dolly fuera creativa y siempre mostrara una enorme confianza en si misma. A los cinco o seis años escribió su primera canción. A los ocho tuvo su primer guitarra y apareció en el primer show de radiotelevisión a los diez.

A Dolly Parton la creó Dolly Parton y, pese alcanzar la gloria artística –tanta que no autorizó a Elvis Presley a cantar su himno I will always love you y ya está todo dicho–, jamás olvidó sus orígenes y ha mantenido los pies en el suelo.

Si bien no ha tenido hijos, Parton ha ayudado a miembros de su extensa familia. Así que sabe los pesares que supone enviar a un adolescente a la universidad. Es una hipoteca para los jóvenes en edad temprana que, tiempo después, ya en el mercado laboral, muchos reconocen que siguen pagando.

Según datos de este enero, la deuda en préstamos a estudiantes asciende en Estados Unidos a 1,75 billones. Crece seis veces más rápido que la economía del país. Hay al menos 43,4 millones de estudiantes con deuda de préstamo federal. Hace años que el asunto es materia de discusión política y de división, lo que repercute en que nadie hace nada para tratar de resolver esta lacra. El coste medio en el 2019 ascendió a los 25.000 dólares anuales, según el Centro Nacional de Estadísticas de Educación.

Ante la inoperancia de presidentes y legisladores, Parton ha lanzado su propia iniciativa. Icono de la música country, y de la música pop rock, adorada por generaciones de fans, se hizo con la propiedad en 1986 de un parque de atracciones en Tennessee al que aplicó su propio encanto y lo rebautizó como Dollywood, en competencia al Graceland de Elvis, en Memphis, en el mismo estado sureño.

Su inversión recreativa ha ido expandiéndose y ahora ofrece algo no a los clientes, sino a los empleados de Dollywood Parks and Resorts. Sus matrículas universitarias serán cubiertas por la empresa si quieren obtener una titulación.

Herschend Enterprise, empresa matriz de Dollywood, ha anunciado esta semana que pagará el 100% de los gastos de educación, incluidos los libros y la tasa de acceso, si esos trabajadores persiguen una educación superior dentro de este sector de negocio. La iniciativa, que arranca este 24 de febrero, afecta a los 11.000 empleados de temporada, a tiempo parcial o jornada completa, en los 25 establecimientos de que dispone.

En la lista de titulaciones figuran administración de negocios y liderazgo, finanzas, publicidad, tecnología o estudios culinarios. También existe el compromiso de pagar al menos 5.250 dólares anuales para otros 150 programas adicionales, como ingeniería, recursos humanos o diseño.

“Cuando nuestros trabajadores se sienten apreciados y se les dan oportunidades como esta, ellos se preocupan más por su labor y por los clientes”, señala Wes Ramey, portavoz de Dollywood, al The Washington Post . Dolly Parton, que años atrás ya lanzó una campaña para mejorar la lectura, apoya que los empleados “aprendan y crezcan”, insiste Ramey.

Otras empresas también han empezado a ofrecer este tipo de incentivos a sus empleados, aunque de carácter parcial. Salvo Walmart, que invertirá 1.000 millones en matriculación y gastos en libros para sus 1,5 millones de trabajadores.

Los seguidores de Parton han festejado su implicación en este asunto. Este movimiento se produce cuando muchas empresas afrontan problemas para atraer y retener a trabajadores en la época de la llamada gran renuncia laboral.

Como canta en su célebre 9 to 5 , “sírveme una copa de ambición”.

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Santa Dolly Parton

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